¿Estamos capacitando a nuestros hijos para matar?

Teniente Coronel David Grossman.- Para comprender lo que hay detrás de los tiroteos en escuelas de Estados Unidos, hace falta que entendamos primeramente la magnitud del problema.  Desde 1957, cuando el FBI (Oficina Federal de Investigación) comenzó a guardar los datos, hasta 1992, se duplicó la tasa de homicidios per capita. No obstante se ve una imagen mayor del problema en el ritmo de los intentos de asesinato, es decir, la tasa de asaltos con arma mortal. Esa tasa, en los Estado Unidos, ha aumentado de unos 60 por 100.000 en 1957 a más que 440 por 100.000 para la mitad de esta década.

Matar va contra la naturaleza

La violencia se manifiesta en los niños sin saber el porque de esa actitud.

Matar no es algo que se genera naturalmente; hay que enseñar a la persona a matar. Y tal como el ejército está condicionando a personas para matar, nosotros sin discriminar estamos haciendo lo mismo con nuestros hijos, pero sin la protección.

Después de las matanzas de escuelas en USA, el director del American Academy of Pediatrics Task Force on Juvenile Violence (Grupo de Estudio de la Violencia Juvenil de la Academia Americana de Pediatría) llegó a la ciudad y dijo que por naturaleza los menores no matan. Es una destreza aprendida. Y la aprenden del abuso y la violencia en el hogar y de modo persuasivo aún más, de la violencia como diversión en la televisión, las películas y los juegos de video interactivos.

Los métodos de esta locura: La insensibilización

La manera que los militares aumentan el índice de matar en combate debe enseñarnos algo, pues es la misma que utiliza nuestra cultura hoy día con nuestros hijos. Los métodos de capacitación que los militares utilizan son la brutalización, condicionamiento clásico, condicionamiento operante y modelos a imitar.

1- La brutalización

Los sargentos ofenden y acosan desde el primer día que llegan los nuevos reclutas.

Ocurren al inicio de la instrucción para nuevos reclutas. Desde el momento en que se baja del autobús es objeto de abuso físico y verbal: un sinfín de planchas, horas interminables en posición firme o de correr con cargas pesadas y en todo momento hay profesionales bien entrenados que se turnan para gritarle. Con el fin de que pierda toda individualidad, le rapan la cabeza, y les llevan en manadas desnudas o vestidos todos iguales.

La brutalización está diseñada para deshacer todos los valores y normas que tiene; y acepte nuevos valores como la destrucción, la violencia y la muerte para su manera de vivir. Al final uno está insensibilizado a la violencia y la acepta como una destreza normal y esencial para sobrevivir en su brutal mundo nuevo.

Con nuestros hijos ocurre algo muy similar a esa insensibilización hacía la violencia; es por medio de la violencia en los medios de comunicación, pero en vez de jóvenes de 18 años, se inicia a los 18 meses cuando por primera vez una criatura es capaz de discernir lo que ocurre en la televisión. A esa edad una criatura puede mirar algo que ocurre en la televisión e imitar la acción. Pero recién a los seis o siete años de edad funciona la parte del cerebro que le permite comprender la fuente de la información. A pesar de que los niños pequeños tienen cierta comprensión de lo que significa fingir,  su desarrollo mismo no les permite distinguir con claridad entre la fantasía y la realidad.

Cuando el niño pequeño ve a personas disparadas, apuñaladas, violadas, brutalizadas o asesinadas es como si fuera que realmente le ocurre a él. Permitir que una criatura de tres, cuatro o cinco años esté mirando una película “salpicadura”, que por los primeros 90 minutos esté aprendiendo relacionarse con un personaje y luego por los últimos 30 minutos esté mirando, indefensa, mientras que ese amigo esté cazado y brutalmente asesinado es el equivalente moral y psicológico de presentar a su hijo a un amigo, permitir que juegue con el amigo y luego descuartizar al amigo frente al hijo. Y eso ocurre a nuestros hijos centenares de veces. Eso es lo que los medios de comunicación están haciendo con los menores.

En cada nación, región, o ciudad con televisión, hay una explosión inmediata de violencia en el patio de recreo y dentro de 15 años hay una duplicación de la tasa de asesinatos. ¿Por qué 15 años?  Es que lleva ese periodo de tiempo para que la brutalización de criaturas de tres a cinco de edad alcance la “edad principal de crimen”. Es que lleva ese período de tiempo para cosechar lo sembrado cuando se brutaliza e insensibiliza a un niño de tres años.

Hoy día los datos vinculando la violencia en los medios de comunicación a la violencia en la sociedad son superiores a los que vinculan el cáncer y el tabaco.

2- Condicionamiento clásico

Juegos con escenas de violencia extrema.

El condicionamiento clásico es como el famoso caso de los perros de Pavlov que uno estudia en la primera materia de psicología. Los perros aprendían a asociar el toque de la campana con la comida y al estar condicionados, los perros no podían escuchar la campana sin salivar.

Los japoneses eran maestros en el uso de condicionamiento con sus soldados. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial los presos chinos fueron ubicados de rodillas, en una zanja, con las manos atadas por detrás. Y uno por uno, unos pocos soldados japoneses elegidos entraban en la zanja para matar “su” prisionero a puñaladas de bayoneta. Les condicionaban a asociar el placer con la muerte y el sufrimiento humano. Inmediatamente después se invitaba a los soldados espectadores a tomar sakí, la mejor comida que habían disfrutado durante meses y a las así llamadas chicas de consuelo. ¿El resultado? Aprendían a asociar el hecho de cometer actos violentos con el placer.

Esta técnica es tan censurable moralmente que hay muy pocos ejemplos de su uso en la capacitación moderna militar en los Estados Unidos, pero hay ejemplos bien definidos de la manera en que los medios de comunicación lo hacen con nuestros hijos.

Nuestros hijos miran imágenes gráficas del sufrimiento y de la muerte humana y ellos aprenden a asociarlas con su gaseosa favorita o algún caramelo o el perfume de la novia.

Después de las matanzas en la escuela de Jonesboro una de las profesoras del colegio me contó como respondieron los alumnos cuando ella les informó de lo ocurrido en el otro colegio. “Ellos se rieron,” me dijo ella consternada. Una reacción similar ocurre todo el tiempo en los cines cuando hay violencia sangrienta. Los jóvenes se ríen y aplauden y siguen comiendo sus palomitas y tomando sus gaseosas. Hemos criado a una generación de bárbaros que han aprendido a asociar la violencia con el placer, tal como los romanos aplaudían y merendaban mientras mataban a los cristianos en el Coliseo.

3- Condicionamiento operante

Hay juegos con exceso de destrucción.

El tercer método que los militares utilizan es el condicionamiento operante; es un procedimiento muy poderoso de estímulo-respuesta, estímulo-respuesta.

Cuando una persona está asustada o enojada responderá como ha sido condicionado a responder. Los menores escolares ensayan a formar fila y salir del colegio en el caso que haya un incendio. Un día ocurre tal hecho y a pesar de estar asustados fuera de sí, hacen precisamente lo que su condicionamiento les ha enseñado y se salvan la vida.

Los soldados aprenden a disparar contra siluetas en forma de hombres que saltan a su campo de visión, hacen la repetición centenares de veces. Más tarde, cuando el soldado está en el campo de batalla, o el oficial de policía está haciendo su recorrida y alguno le saca un arma, él disparará en forma refleja y disparará para matar.

Cada vez que un niño se divierte con un juego de video interactivo de apuntar y disparar, él está aprendiendo precisamente el mismo reflejo condicionado y las misma destreza motriz. Este proceso es extraordinariamente poderoso y espantoso.

El resultado es que cada vez habrá más seudo psicópatas caseros que matan en forma refleja sin mostrar ningún remordimiento. Nuestros hijos están aprendiendo a matar y aprendiendo a disfrutarlo; y luego nosotros nos atrevemos a decir, “¡Ay! ¡Dios mío! ¿Qué pasa?”.

A menudo encontramos situaciones de chicos que jamás en la vida alzaron un arma de fuego real pero que tienen una precisión de disparo increíble. ¿Por qué? Los juegos de video.

4- Modelando papeles a imitar

En el ejército uno se confronta de inmediato con un modelo a imitar: el sargento de instrucciones. Él es una personificación de la violencia y agresión. En conjunto con los héroes militares esos violentos modelos a imitar siempre han sido utilizados para influir las mentes jóvenes e impresionables.

Hoy día los medios de comunicación proveen modelos a imitar para nuestros hijos, y se puede ver eso no solamente en los sociópatas rebeldes de las películas y los programas de televisión, sino también en los aspectos imitadores de los asesinatos de Jonesboro que son inspirados por los medios de comunicación.

Así es que hay asesinatos agrupados, imitadores que se extienden por los Estados Unidos como un virus diseminado por el noticiero nocturno.  No importa lo que haya hecho una persona, al salir su imagen en la TV se le convierte en una persona famosa y alguien en algún lugar le emulará.

La historia de los disparos de Jonesboro se inició en Pearl, Mississippi unos seis meses antes. En Pearl un joven de 16 años fue acusado de matar a su madre y luego irse a su colegio para disparar contra nueve estudiantes.  Murieron dos de ellos, una su ex novia. Dos meses más tarde el virus llegó a Paducah, Kentucky; allí un joven de 14 años fue arrestado por matar a tres estudiantes y herir a otros cinco.

Un paso muy importante en la diseminación de este virus de crimen imitado ocurrió en Stamps, Arkansas. Ocurrió 15 días después de Pearl y unos 90 días antes de Jonesboro.

En Stamps un chico de 14 años, quien estaba enojado con sus compañeros, se escondió en el bosque y disparaba contra los niños que salían del colegio. ¿Suena conocido?  En ese caso fueron heridos solamente dos niños, por eso el mundo no llegó a escucharlo. Pero a nivel local, la cobertura televisiva era excelente y es probable que dos chicos en Jonesboro, Arkansas la vieron.

Y luego llegó a Springfield, Oregon y a muchos otros lugares. ¿Es eso el precio que queremos pagar para el “derecho” de las redes de televisión de convertir a jóvenes acusados en personas famosas y modelos a imitar por medio de la exaltación de sus fotos en la televisión.

Nuestra sociedad necesita informarse acerca de estos crímenes, pero cuando se transmiten las imágenes de jóvenes asesinos en la televisión se los convierte en modelos a imitar. Los niños corrientes de edad preescolar pasan 27 horas semanales mirando la televisión. Este grupo de niños tiene más comunicación directa con la televisión que con los padres y profesores en conjunto. El logro máximo para nuestros hijos es salir en la televisión.   La solución es fácil, y sale directamente de la literatura de suicidiología:  los medios tienen todo el derecho y la responsabilidad de contar la historia, pero no tienen ningún derecho de glorificar a los asesinos presentando sus imágenes en la TV.

Papel de los cristianos

Los padres deben involucarse más en la diversión de los niños.

Hay muchas otras cosas que la comunidad cristiana puede hacer para ayudar a cambiar a nuestra cultura.

Las actividades juveniles pueden proveer alternativas para la televisión y las iglesias pueden ser guías en proveer lugares alternativos para los niños que vuelven solos a casa a esperar a los padres. Grupos de compartir pueden proveer dirección y apoyo para padres jóvenes que luchan para criar a sus hijos sin las influencias destructivas de los medios de comunicación. Programas que proveen mentores (ayudas-guías) pueden unir padres adultos maduros y educados con padres jóvenes para ayudarles a pasar por los años preescolares sin el uso de la TV como una niñera. Las iglesias pueden proveer la llamada clara a la decencia, el amor y la paz como alternativas a la muerte y la destrucción, no solamente para el bien de la iglesia, sino para la transformación de nuestra cultura.

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Comunicado
Foto del comunicado

Lic. Adenis Garcia
Gerente General

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